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Kitty ♀
Inti ♀
Inti llegó a nosotros con solo unas horas de vida, y ya conocía la indiferencia humana. Una turista recién llegada a la isla la vio acurrucada debajo de una planta, mientras esperaba en la piscina del hotel a que le dieran su habitación. Avisó a los responsables del lugar, pero —qué casualidad— nadie la entendía.
La pequeña llevaba allí al menos cuatro horas, tirada bajo el sol abrasador, mientras la música sonaba y la gente disfrutaba a su alrededor. Poco a poco se iba apagando, invisible ante todos. Cuando la turista nos contactó y vimos la situación, no dudamos ni un segundo: había que salvarla. Ella la envolvió con cuidado en una toalla y la mantuvo a salvo hasta que pudimos recogerla.
Es una luchadora nata, llena de vida y ternura, que nos recuerda la importancia de no ser indiferentes.
Cuando cumpla dos meses, Inti estará lista para buscar un hogar definitivo. Buscamos para ella una familia que le dé el amor y la seguridad que siempre mereció, preferiblemente en una casa donde ya haya otro gato, ya que es una pequeña muy cariñosa y juguetona que disfruta de la compañía.
Kitty vivía en el parking de nuestra urbanización. Era una gatita blanca que, poco a poco, empezó a acercarse a casa hasta que, un día, decidió que nuestro felpudo era un buen lugar para dormir.
Y así, casi sin darnos cuenta, empezó nuestra historia juntas.
Kitty tenía cáncer en las orejas. La recogimos, la operamos y la esterilizamos; aquel felpudo dejó de ser su cama para que mi casa se convirtiera en su hogar.
Solo pudimos compartir con ella un año y medio.
Tras una vida en la calle, sufriendo numerosos celos y camadas, apareció un cáncer de mama y finalmente tuvimos que despedirnos de ella.
Llegó buscando un lugar donde dormir y terminó encontrando una familia.
Y nosotros, sin saberlo entonces, encontramos en aquella gatita blanca una de las primeras razones para empezar a cambiar la vida de muchos otros gatos. 🤍