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Colonias

Inti  ♀

Inti llegó a nosotros con solo unas horas de vida, y ya conocía la indiferencia humana. Una turista recién llegada a la isla la vio acurrucada debajo de una planta, mientras esperaba en la piscina del hotel a que le dieran su habitación. Avisó a los responsables del lugar, pero —qué casualidad— nadie la entendía.

La pequeña llevaba allí al menos cuatro horas, tirada bajo el sol abrasador, mientras la música sonaba y la gente disfrutaba a su alrededor. Poco a poco se iba apagando, invisible ante todos. Cuando la turista nos contactó y vimos la situación, no dudamos ni un segundo: había que salvarla. Ella la envolvió con cuidado en una toalla y la mantuvo a salvo hasta que pudimos recogerla.

Es una luchadora nata, llena de vida y ternura, que nos recuerda la importancia de no ser indiferentes.

Cuando cumpla dos meses, Inti estará lista para buscar un hogar definitivo. Buscamos para ella una familia que le dé el amor y la seguridad que siempre mereció, preferiblemente en una casa donde ya haya otro gato, ya que es una pequeña muy cariñosa y juguetona que disfruta de la compañía.


Garfi hizo que dejara de verlos como parte del paisaje.

De repente empecé a fijarme en todos esos gatos que siempre habían estado ahí, en el barrio, pero que hasta entonces habían sido invisibles para mí.

Eran muchos. Así que compré mi primera jaula trampa y, poco a poco, empecé a capturarlos y esterilizarlos.

No, no eran míos. En realidad eran fruto del abandono y de la irresponsabilidad de otras personas, pero para mí eso nunca significó que merecieran menos. Merecían la misma dignidad, el mismo respeto y que alguien se preocupara por ellos.

Y así llegaron mis colonias y, con ellas, un pacto no escrito que continúa hasta hoy: cada día, haga frío o calor, esté cansada o me encuentre mal, tengo una cita ineludible con mis callejeritos.

Los alimento, los esterilizo mediante el método CER, vigilo su salud y, cuando alguno enferma o necesita ayuda, intento estar ahí.

Detrás hay muchas horas que casi nunca se ven: capturas, veterinarios, medicaciones y esa preocupación constante cuando alguno no aparece. Algunos llevan tantos años conmigo que conozco sus horarios, sus costumbres y hasta dónde buscarlos cuando faltan a nuestra cita.

Porque cuidar una colonia nunca ha sido solamente poner comida.

Ellos no tienen un hogar, pero eso no significa que no importen. 🤍

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